Microturbinas de gas

En la carrera por encontrar un sustituto a las baterías eléctricas actuales, cuyo principal contendiente son las células de combustible, está a punto de incorporarse un nuevo contendiente: Las microturbinas de gas.

Hace unos días apareció la noticia de un equipo del MIT que había desarrollado una turbina de gas en un chip. Las piezas de esta turbina se construyen en obleas de silicio, como los microchips convencionales, y el objetivo del proyecto es que puedan utilizarse en dispositivos móviles. Según sus creadores, estas baterías tendrían una duración diez veces superior a la de una batería de litio del mismo tamaño y peso.

Cuando aún no nos hemos recuperado de la sorpresa de esta noticia, nos enteramos de que un equipo suizo ha desarrollado una turbina de gas del tamaño de una caja de cerillas, que acciona un generador de 100W de potencia, potencia suficiente como para hacer funcionar un ordenador portatil; aunque el dato mas extraordinario es su eficiencia, que rondaria el 95%, lo que la situa practicamente en el límite físico; es decir, sería practicamente imposible crear un tipo de bateria capaz de ofrecer mas watios de electricidad por litro de combustible usado.

Hasta el momento, el principal candidato a reemplazar a las baterías de litio son las células de combustible, pero el entusiasmo que despertaron hace unos años se está apagando; el problema es que su rendimiento está por debajo de lo deseable; aunque su duración es superior a la de las baterías actuales, la diferencia no es lo suficientemente amplia como para hacerlas competitivas.

¿Llegaremos a ver teléfonos móviles accionados por una célula de combustible o una turbina de gas? Esta pregunta no es facil de responder, ya que a nivel conceptual las baterías basada en combustible presentan importantes handicaps respecto a la baterías recargables convencionales:

  • Percepción del coste: Recargar un teléfono movil es solo enchufarlo a la red; y si, es cierto que la electricidad tiene un coste, pero en el enchufe no hay ningún contador que nos diga cuanto cuesta cada recarga; además, el consumo del cargador es lo suficientemente pequeño como para no tener ningún efecto visible sobre la factura, de manera que para el usuario, el coste es cero.
  • Comodidad: Todos tenemos enchufes en casa; en cambio, no es seguro que vayamos a tener cartuchos de combustible de repuesto. Esto significa que si nuestro teléfono funciona con una batería de combustible, podemos encontrarnos con que no podemos recargarlo. Ademas, si aplicamos la ley de Muprhy, este problema nos lo encontraremos un domingo por la noche, sin ninguna tienda abierta donde poder comprar recargas.
  • Emisiones: Tanto las celulas de combustible como las microturbinas son motores, y como tales generan emisiones gaseoas que, en un dispositivo que se lleva siempre encima, normalmente en el bolsillo, pueden llegar a ser muy incómodas.
  • Consumo de oxígeno: Como todo motor este tipo de baterías necesitan aire, o dicho con otras palabras, ventilación. Si a esto le sumamos el problema de las emisiones, significa que estos dispositivos no podrán llevarse en bolsillos muy cerrados; probablemente, serán necesarios estuches especiales.

Esto significa que, para que estos sistemas sean comercialmente válidos, es preciso que la duración de la batería sea tan amplia, que al usuario le merezca la pena asumir sus incomodidades.

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