Los modestos comienzos de la imprenta

Ya sabía que la imprenta fue un invento revolucionario que cambio el mundo, pero lo que no sabía es que tuvo unos comienzos muy modestos. Según este artículo, los primeros libros impresos no fueron grandes obras, sino textos modestos de escaso interés literario.

Así, el primer libro impreso de la historia no sería la famosa biblia de Gutemberg, sino una gramática latina, impresa también por Gutemberg, algún tiempo antes.

En el resto de Europa las cosas no fueron muy diferentes; en Francia la primera obra impresa fue un relato romántico sin mayor interés que cualquier novela rosa actual, y en España fueron las actas de un congreso religioso.

¿Sorprendido de que la imprenta tuviera unos comienzos tan modestos? Si lo pensamos detenidamente, no es tan extraño; en sus primeras etapas de desarrollo todas las tecnologías son poco menos que unos juguetes para frikis que generan indiferencia, cuando no rechazo, entre el gran público.

Uno de los ejemplos mas recientes es la telefonía móvil, que nació como una herramienta para altos ejecutivos lo que lo convirtió en un símbolo de estatus; posteriormente, cuando los precios bajaron y los móviles empezaron a estar al alcance de la mayoría, se convirtieron en la imagen del esnobismo, del "quiero y no puedo", generando rechazo bastante amplio; hoy día, el móvil se ha convertido en un elemento tan imprescindible como la ropa.

¿Como debieron ser los comienzos de la imprenta? Se ha hablado mucho sobre el rechazo que debió producir entre quienes tenían el monopolio del saber y temían que este invento facilitara la difusión de la cultura, pero sería interesante saber que debieron pensar los amantes de la buena caligrafía al ver esas páginas donde las letras eran todas iguales y estaban distribuidas formando una cuadrícula…

Mi opinión personal es que, para ellos, debió ser una abominación; les debió producir una sensación parecida a la que nos produce a nosotros ver esos bloques de pisos prefabricados, por lo que debían considerar la imprenta como una horterada, una cosa aceptable para imprimir pasquines y otras cosas sin valor, pero inaceptable en una obra literaria de verdad; para eso, debían pensar, la imprenta jamas podría sustituir la mano de un monje escribano.

Pero, como siempre pasa en estos casos, se equivocaron y al final la imprenta sustituiyó a los escribas.

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