Las tribulaciones de Microsoft

Estos últimos días, tanto Abadía digital como Enrique Dans y Microsiervos han hablado sobre los problemas que Windows Vista le está dando a Microsoft. Empezando por los problemas que este sistema operativo sufre con los ordenadores portátiles y terminando con lo disgustados y decepcionados que están los usuarios, está bastante claro que Windows Vista ha sido un fracaso.

Pero los problemas de Microsoft con Windows Vista no terminan ahí; el gran problema al que se enfrenta Microsoft es que las empresas no están migrando a Vista; los departamentos de informática prefieren saltarse Vista y esperar al futuro Windows 7.

¿Que es lo que ha pasado con Windows Vista? Al margen de los múltiples problemas técnicos que presenta, existe un problema del que se habla poco pero que, en mi opinión, es crítico: El problema es que ya no estamos en los años 90. Para los usuarios, el paso de MS-DOS a Windows supuso un cambio espectacular, un cambio que justificaba tirar todo el sistema informático a la basura y montarlo de nuevo, y lo mismo supuso el cambio de las primeras versiones de Windows (ese desastre llamado Windows 95) a las mas nuevas.

Sin embargo, las cosas han cambiado; no cabe duda de que Windows Vista ofrece mejoras respecto a XP, pero, ¿Justifican esas mejoras meterse en todos los problemas y costes que supone una actualización de sistemas informáticos? Evidentemente, no.  En estas condiciones, es lógico que los departamentos se resistan a migrar, y mas cuando el nuevo sistema operativo presenta multitud de problemas.

La pregunta ahora es, ¿Que pasará con Windows 7? Microsoft, como era de esperar, nos ha prometido un sistema operativo revolucionario. Asumiendo que Windows 7 sea algo novedoso, queda por ver si las nuevas características que incorpore serán lo suficientemente interesantes como para que los usuarios decidan asumir el coste de tener que actualizarse.

Para complicar aun mas las cosas, Windows 7 saldrá al mercado entre el 2009 y el 2010, etapa que según todos los analistas corresponderá con el peor momento de la crisis económica; es decir, llegará en un momento de vacas flacas en el que no estaremos para grandes derroches.

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