El Universo no es tan inhospito como creíamos

Leo en Ciencia Kanija que unos investigadores han demostrado que, al contrario de lo que se creía, las llamaradas que producen las estrellas pequeñas no destruyen la vida; otro obstáculo a la existencia de vida extraterrestre que se viene abajo.

Las estrellas de tipo M, unas estrellas enanas con una masa bastante inferior a la del Sol, resultan muy interesantes para los buscadores de planetas habitados por dos motivos:

  1. Son el tipo de estrella mas abundante; el 70% de las estrellas de nuestra galaxia son de este tipo.
  2. Son muy longevas. Su vida oscila entre 40.000 y 100.000 millones de años; una estrella como el Sol tiene una vida de unos 10.000 millones de años. Que sean tan longevas significa que sus planetas tendrán mucho tiempo para desarrollar vida.

Sin embargo, estas estrellas tienen un problema; al menos en sus primeros millones de años de vida, generan unas erupciones de plasma de una potencia enorme. Tradicionalmente se creía que estas erupciones freirían cualquier planeta situado en la llamada zona habitable (la zona alrededor de la estrella donde pueden existir planetas habitables), pero tras unas simulaciones informáticas realizadas por la Universidad Autónoma de Mexico revelan que no es así; que la atmósfera de un planeta como la Tierra no solo puede resistir una erupción de ese calibre, también es capaz de proteger las formas de vida que existan en su superficie.

Esto significa que no existe ningún impedimento para que el 70% de las estrellas de nuestra galaxia puedan alojar planetas habitados.

Históricamente, los investigadores se han resistido a aceptar la idea de que la vida pueda ser un fenómeno común. Tradicionalmente se daba por sentado que la vida solo podría existir en planetas que fueran réplicas del nuestro, orbitando estrellas del tipo del Sol. Había investigadores que iban mas allá, y que consideraban imprescindible la existencia de un satélite de gran tamaño (como nuestra Luna) para estabilizar la rotación del planeta, e incluso había investigadores que consideraban imprescindible la existencia de un planeta gigante, como Júpiter, para limpiar las órbitas de asteroides.

En resumen, no eran pocos los investigadores pensaban que, para que un sistema solar pudiera albergar vida, debía ser una réplica exacta del nuestro.

Sin embargo, las cosas poco a poco esta idea va desapareciendo. Para empezar, el descubrimiento de los extremófilos (organismos que viven en entornos donde se creía imposible la vida, como manantiales de agua hirviendo o el interior de reactores nucleares) nos demostró que la vida puede prosperar bajo condiciones muy duras; luego, las evidencias de agua líquida en Encélado (un satélite de Saturno) y Europa (un satélites de Júpiter), cuerpos que están fuera de la zona habitable del Sistema Solar.

Aunque el verdadero remate fue encontrar indicios de actividad orgánica, primero en Encélado y mas tarde en Titán; en particular, el caso de Titán resulta muy llamativo, porque los indicios hablan de unas formas de vida basadas en el metano, una química totalmente diferente a la química de los seres terrestres.

Sea como sea, los indicios que vamos encontrando apuntan a que el Universo es bastante mas acogedor para la vida de lo que pensábamos, con lo que la idea de un Universo repleto de formas de vida exóticas resulta cada vez menos descabellada.

¿Cual es el problema? Que nos damos de bruces con la paradoja de Fermi; si el Universo rebosa vida, ¿Como es que no hemos detectado las emisiones de radio de otras civilizaciones?

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