El mayor sabotaje de la guerra fría

Durante la guerra fría, Estados Unidos hizo llegar a la Unión Soviética información tecnológica falsa; ¿El resultado? La mayor explosión no nuclear jamas producida y el colapso de la economía soviética.

La historia la cuenta Tomas C. Reed en su libro "At the Abyss: An Insider’s History of the Cold War"; la autenticidad de esta historia la corrobora el diario Granma (El diario oficial del gobierno cubano) en este artículo, del que podemos extraer el siguiente párrafo: “Dada la enorme transferencia de tecnología en radares, computadoras, máquinas-herramientas y semiconductores de Estados Unidos a la Unión Soviética, podría decirse que el Pentágono estaba en una carrera armamentista consigo mismo”.

La historia comienza en 1970, año en que la KGB crea una división llamada "El directorio" especializada en el espionaje industrial para el robo de tecnología de los países occidentales. Esta división operaba a través de los agregados comerciales de las embajadas, que ademas de obtener información directamente se encargaban de construir una red de agentes en empresas y laboratorios.

La existencia de esta red, que funcionó con una increíble eficacia, fue descubierta en 1981. Ese año, el coronel Vladimir Vetrov contactó con los servicios secretos franceses y les pasó un dossier, que se conocería con el nombre de "expediente Farewell", con todos los detalles de la operación, incluyendo la lista de agentes infiltrados y los planes en curso. El presidente frances, Francois Mitterrand, le entrego este dossier al presidente estadounidense, Ronald Reagan, durante la cumbre del G7 que se celebró en Julio de 1981, en la ciudad canadiense de Ottawa.

Reagan puso este expediente en manos de la CIA, cuyos analistas quedaron asombrados ante las enormes dimensiones de la infiltración soviética. De este informe se deducía que buena parte de la industria soviética estaba funcionando con tecnología occidental robada; se podía decir que Estados Unidos estaba subvencionando el desarrollo del ejército soviético. No cabía duda de que el KGB había hecho un trabajo inmejorable.

Tras conocer los resultados del análisis, Reagan decidió que estos hechos exigían venganza, así que encargo al director de la CIA, Bill Casey, preparar la represalia. El encargado de diseñar esta operación fue Gus W. Weiss, un analista experto en tecnología.

Una de las cosas que incluía el dossier Farewell eran los planes futuros de robo de tecnología (la denominada "lista de la compra"). Para ser precisos, en aquel momento la Unión Soviética había iniciado la construcción de un enorme gasoducto, que debía ir desde Siberia hasta Europa Occidental, destinado a la venta de gas natural a Occidente. Los soviéticos habían establecido como prioridad máxima hacerse con el software necesario para el control automático de esta enorme construcción; solo necesitaban los programas, ya que los ordenadores habían podido comprarlos abiertamente en Canadá.

La idea de Weiss fue muy simple: Hacer llegar a los soviéticos un programa defectuoso que hiciera fallar su gasoducto. Para ello, colocaron una versión modificada del programa en el lugar donde los agentes rusos lo robarían, versión que incorporaba una bomba lógica que, pasado un tiempo de funcionamiento normal, ordenaría el cierre de las válvulas y la aceleración de las bombas, provocando así el estallido de las tuberías.

El plan de Weiss entusiasmo a Ronald Reagan, con lo que en enero de 1982 recibió luz verde; así la empresa canadiense que producía el software de control se "dejo robar" por los soviéticos.

El éxito de esta operación se constató el verano de 1982. En una fecha indeterminada, los satélites espía estadounidenses detectaron una gigantesca explosión en un lugar no revelado de la Unión Soviética, tan potente que los analistas estadounidenses (los que no estaban al corriente de la operación de sabotaje) pensaron que se trataba de una detonación nuclear. La explosión se produjo en un lugar despoblado, así que no hubo víctimas mortales.

Los soviéticos optaron por ocultar el incidente; denunciarlo públicamente habría significado, en primer lugar, admitir que estaban utilizando tecnología robada; en segundo lugar, reconocer públicamente su inferioridad tecnológica frente a occidente, y en tercer lugar, reconocer públicamente que la CIA les había marcado un golazo.

Este incidente tuvo otro efecto: la paralización de la economía soviética. Los soviéticos desconocían el alcance del sabotaje, así que se vieron obligados a poner en cuarentena y revisar todas las tecnologías que habían robado en los últimos años.

El último capítulo de esta historia se produjo durante los años 1984 y 1985; en ese periodo la OTAN desmanteló la red de espías tecnológicos.

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