El ejército estadounidense compra chips con puerta trasera

En el año 2010 el ejército de los Estados Unidos compró 59000 microchips destinados a sus sistemas de armas. Al analizar los chips se descubrió que incluían una puerta trasera que permitía desconectarlos a distancia.

En el año 2007 la fuerza aérea israelí bombardeaba las instalaciones nucleares sirias para evitar que este país pudiera dotarse de armas nucleares, era la Operación Huerto. El ataque se ejecutó sin incidentes porque los israelíes disponían de un avanzado sistema de contramedidas que les permitió neutralizar los radares sirios; al menos esa es la versión oficial, según las malas lenguas, los radares sirios estaban hackeados y tenían una puerta trasera que los israelíes utilizaron para desconectarlos.

Pero al margen de que esta historia sea cierta o no, hace años que los analistas militares se toman muy en serio la posibilidad de que los sistemas militares puedan ser hackeados por un ejército enemigo con lo que, desde el año 2004, el ejército de Estados Unidos tiene en marcha un plan de certificación de plantas de producción de componentes electrónicos, para certificar que los componentes no han sido manipulados.

Pero parece que este plan no es suficiente; la industria electrónica estadounidense no tiene capacidad para cubrir todas las necesidades de sus fuerzas armadas así que el Pentágono se ve obligado a comprar componentes a empresas extranjeras, con el riesgo de que se produzcan incidentes como el que he mencionado al principio de esta entrada.

¿Como afrontar esta situación? El ejército dispone de medios para analizar los componentes que compra y detectar si han sido manipulados, pero esto no es mas que un parche; la solución pasa por hacer que los fabricantes no puedan manipular los componentes.

Una de las soluciones que se baraja pasa por involucrarse en el proceso de fabricación. La fabricación de una oblea de microchips, como la que se ve en la imagen, se divide en dos partes; en la primera parte se «imprimen» los componentes electrónicos (básicamente transistores, resistencias y condensadores) en el silicio, y en la segunda parte se extienden los cables metálicos que conectan los componentes. La idea es que los fabricantes solo se encargarían de la primera parte del proceso, la segunda se haría en instalaciones controladas. Esta solución tiene dos ventajas, por un lado hace imposible manipular los chips, y por otro lado hace innecesario entregar al fabricante la totalidad de los planos de los componentes, lo que garantiza el secreto industrial.

Sea como sea, la posibilidad de que un ejército enemigo desactive los sistemas de defensa antes de lanzar un ataque ya no pertenece a la Ciencia Ficción.

FUENTE: Wired.

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