Adios a la economía del hidrógeno

La administración Obama ha decidido cancelar las subvenciones a los vehículos de hidrógeno.

El motivo de esta cancelación de fondos es muy simple: Esta tecnología no consigue salir adelante; mientras los coches de hidrógeno no pasan de la fase de prototipo, en el mercado ya podemos encontrar coches eléctricos; y los nuevos avances que se están produciendo en baterías de litio y supercondensadores prometen resultados aun mejores en en plazos bastante cortos.

No hay que olvidar que las células de combustible existen desde hace mucho tiempo; de hecho, las naves Apolo, las que llevaron a los astronautas a la Luna, utilizaban células de combustible para generar la energía eléctrica. Es decir, estamos ante un invento que ya tiene varias décadas pero que, en todo este tiempo, no ha logrado pasar de la fase de prototipo de laboratorio; ha sido imposible fabricar un modelo comercializable y todo indica que no se podrá crear uno antes de 10 o 20 años.

Entonces, ¿Por que el hidrógeno despertó tanto entusiamo? La fiebre por el hidrógeno se debe a que proporcinaba un medio en apariencia eficaz para almacenar la energía eléctrica.

Históricamente, la energía eléctrica ha sido imposible de almacenar; la energía que producían las centrales o se consumía en el acto o se perdía. Es cierto que existían baterías, pero su enorme precio y su escasa capacidad las hacía inútiles para el almacenamiento a gran escala.

Las células de combustible parecían solucionar el problema; la idea era que, mediante electrólisis, se producía hidrógeno a partir de la electricidad y luego una célula de combustible generaba electrícidad a partir de ese hidrógeno; de esta forma, la energía eléctrica sobrante se convertía en hidrógeno que podía almacenarse o transportarse donde hiciera falta para volver a convertirse en electricidad.

Este invento era especialmente prometedor en el caso de los coches. El motivo por el que no hay coches eléctricos en las carreteras es que las baterías eran muy ineficaces; las baterías disponibles en el S.XX proporcionaban una autonomía de apenas unas decenas de kilómetros y tardaban varias horas en cargarse, el hidrógeno y las células de combustible prometían unas prestaciones comparables a las de los coches de gasolina.

De esta forma, a principios del siglo actual se vio el hidrógeno casi como un santo grial, hasta el extremo de acuñarse el término "economía del hidrógeno", para referirse a un mundo donde el hidrógeno sería el medio de almacenar e intercambiar energía.

Pero, durante la década que llevamos del S.XXI las células de hidrógeno no han experimentado avances significativos; siguen siendo solamente una idea prometedora que no se ha podido plasmar en productos comerciales válidos. Mientras tanto, el negocio de los dispositivos portátiles ha acelerado el desarrollo de las de las baterías, que durante los últimos años ha experimentado un salto adelante espectacular, hasta el extremo de que ya están saliendo al mercado los coches eléctricos, como el Tesla Roadster, mientras los coches de hidrógeno no pasan de simples prototipos de exhibición.

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